ninoobservLas pasadas elecciones presidenciales en Estados Unidos exaltaron los ánimos de los votantes generando mensajes negativos –lo mismo en los medios de comunicación, las redes sociales y en los propios hogares–, que pudieran tener un efecto perjudicial y duradero en nuestros hijos.

Como adultos –léase padres y maestros, principalmente–, tenemos el poder y la responsabilidad de adoptar un comportamiento adecuado durante las discusiones, además de mantener una comunicación continua y abierta. Nuestros niños están aprendiendo lecciones que pueden impactar directamente su salud social y emocional actual y futura.

Sabemos que los niños que observan comportamientos agresivos y desconsiderados comienzan a actuar de la misma manera. Los niños tienden a reproducir lo que ven, no lo que se les dice. Cuando los niños ven a sus padres fuera de control, aprenden que este comportamiento es normal y aceptable. Para modificarlo, expertos en salud socioemocional señalan dos puntos fundamentales: Todos tenemos el poder de decidir cómo nos comportamos y, existe una gran diferencia entre reaccionar y responder. Esto implica no actuar al primer impulso y detenerse a respirar para interactuar en forma racional. Entender que tenemos el control sobre nuestra manera de responder no solo empodera, sino que promueve una autoestima positiva.

Modelar un comportamiento adecuado y enseñar a nuestros niños los conceptos básicos de sus emociones, los coloca en una posición de poder. Pueden darse cuenta de que tienen el poder para sentir cosas, pero pueden controlar la forma en que reaccionan.

En las aulas, los buenos educadores saben que se debe fomentar y respetar la diferencia de opiniones. Estas conversaciones deben abordarse con cortesía, empatía y respeto. Nuestra juventud necesita ver adultos que practiquen la empatía en forma cotidiana.

Lo primero que pueden hacer los padres es asumir que sus hijos los observan todo el tiempo y hacer un recuento del propio comportamiento. Ellos archivan esos momentos y comienzan a pensar que está bien comportarse de cierto modo. Recuerden que son su primer modelo de actuación.

Hablar con los hijos es igualmente importante. Dígales qué cosas le parecen inaceptables y porqué no encajan con sus valores o creencias. Es preferible ser objetivo y referirse a los hechos que hablar desde la emoción.

Por último, no hay que perder de vista la información que consumen. Hay una gran cantidad de cosas en los medios que promueven la violencia, la ira, así como información falsa y rumores; toda esta comunicación puede ser polarizante y traumática.

Estas medidas, pueden contribuir a que en un futuro nuestros chicos tengan conciencia de las situaciones, practiquen el autocontrol y sepan que tienen el poder de decidir su forma de reaccionar.

Los hijos nos observan todo el tiempo: seamos su mejor modelo